Los Colores del Vino

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El color del vino viene dado por el color de la piel de la uva con la que se haya elaborado, así, un vino blanco proviene de las uvas verdes o blancas, un vino rosado se obtendría dejando macerar el mosto con la piel de la uva hasta alcanzar el color deseado por el enólogo.

Pero no es de la elaboración de los vinos de lo que queremos hablar, sino del color del vino en su etapa de guarda en una bodega particular. El tiempo cambia el color del vino, o sea, el proceso de guarda provoca en los vinos cambios significativos en su color, los vinos tintos terminan aclarándose y los vinos blancos se oscurecen, por eso, excederse en los tiempo de guarda resultaría un inconveniente.

Los vinos deben guardarse evitando que se conviertan en vinos muertos, un vino de guarda es complejo y reúne todas las características necesarias para este proceso, aromas, textura, grado alcohólico, tipo de botella, factores que nos permitirán mantener nuestros vinos durante un determinado periodo de tiempo en nuestra bodega particular. Pero dejar madurar demasiado un vino provoca que termine apagándose y se convierta en un vino muerto, y ente este caso, el color nos puede decir mucho sobre el vino.

Un vino envejece paulatinamente, poco a poco pierde sus aromas frutales y son sustituidos por aromas mucho más complejos, excedernos en la guarda provoca que el proceso finalice y termine perdíendose la estructura, el vino ya no mejora y comienza a degradarse. El color del vino puede variar desde un púrpura oscuro, pasando por distintas tonalidades de rojo, hasta llegar a un color similar al de una teja de color claro.

En un proceso de guarda prolongado el color del vino se apaga perdiendo su brillo y su intensidad, el rojo vivo que lo caracterizaba cuando era joven ha desaparecido, al igual que los complejos aromas terciarios. Con los vinos blancos ocurre lo mismo y quizás son más fácilmente detectables, de hecho, no hace falta que pase mucho tiempo para que empiecen.